Emulación, premios y castigos

Estoy llegando al final de mi búsqueda. No sé cuánto más seguiré preguntándole a ella, y les he mandado unas preguntas por correo a ella y ella, pero estos días, leyéndola a  ELLA he encontrado lo que creo que es una gran parte de mi respuesta.

Capítulo 3. La naturaleza bondadosa y maliciosa del niño. Los niños no nacen malos sino con capacidad para lo bueno y lo malo.

Aquí está el texto en inglés contemporáneo

vol 6 pg 56, 57, 58

Todo niño quiere que lo aprueben, incluso el bebé con sus zapatos rojos nuevos; ser el primero en lo que sea; ser admirado; liderar y dirigir al resto; tener compañía de otros niños y mayores; y por último pero no menos importante, todo niño quiere saber. Estos deseos están ahí, listos para actuar en ocasiones y es nuestro trabajo hacer uso oportuno de ellos y de lo que proveen naturalmente para el beneficio de la educación. Hacemos uso de los deseos pero no sabiamente, sino demasiado bien. Manejamos las escuelas basándonos en la emulación (imitación), el deseo de todo niño de ser el primero y no el más capaz, el que presiona más es el que llega al frente. Aceleramos la imitación mediante el deseo común de adquirir y obtener, es decir, el impulso de la avaricia. Y así ofrecemos premios, exposiciones, becas, todo incentivo que pueda proponerse. Causamos al niño a actuar buscando la aprobación, nos aprovechamos de su vanidad, y el niño hace más de lo que puede. ¿Dónde está el daño?, nos decimos, cuando todos esos resortes de acción los posee el niño por sí mismo. El atleta comienza a descubrir que sufre en todos los demás lugares de la falta de desarrollo de un grupo específico de músculos, y el niño cuya ambición o emuación ha sido estimulada inapropiadamente se vuelve una persona flácida. Pero hay un mal mayor. Todos queremos conocimiento tanto como queremos pan. Sabemos que es  posible curar el apetito último dando comida más estimulante; y lo peor de usar otros mecanismos para aprender es que el deseo natural de aprender el cual nos debería guiar deseosos todos los días de escuela y darnos una pizca de aventura durante los días más apagados de la vida madura es ahogado por completo; y los niños y niñas ‘empollan para pasar pero no aprenden; pasan pero no saben.’ La curiosidad que Dios nos dá la cual debía haber sido nuestro equipamiento de por vida difícilmente sobrevive los días de escuela.

Ahora ha sido demostrado plenamente que el deleite por saber es suficiente para llevar al alumno jovialmente y deseosamente através de su vida escolar y que los premios y lugares, alabanzas, reproches, culpa y castigo, son innecesarios en tanto en cuanto se utilizen para asegurar un interés ardiente y el trabajar con diligencia. El deseo o amor por saber es suficiente. Todos los otros estímulos deberían sin duda tener su acción natural, pero algunos de estos resortes de acción parecen ser abusados en exceso en nuestras escuelas.

Veo a mis hijas equipadas con esta curiosidad divina de la que habla CM, y me provoca humildad mi tarea de mantenerla viva durante sus días de escuela. He trabajado en aulas en las que he visto mucho de lo ofrecido al alumno le viene externamente, no se les nutre de ideas, su conexión con el conocimiento auténtico pende de un hilo o está totalmente rota. Incluso en casa he estado tentada de recurrir más a castigos y premios, a darles esteroides en forma de currículum con muchos proyectos despampanantes y examencitos, y tiendo a darles bastantes elogios cuando muestran excelencia académica (lo que inconscientemente relaciono con logros y progreso del que se puede presumir, del que hay una prueba, incluso sabiendo que esto no es la piedra clave de su educación).

Y comprendo que no es necesario, que el premio es el saber por sí mismo, aprender y nada más. No hemos participado en los trofeos de lectura que ofrecen en los veranos pero me he pillado ofreciendo una chocolatina por dos hojas de matemáticas completadas…y no creo que estos incentivos sean siempre inadecuados como también dice CM, pero honestamente afirmo que estos días todos ABUSAMOS mucho de esto, educando en casa o en colegio, y en varios aspectos de la vida. En un libro titulado Understood Betsy, la niña cuando llegó al campo y se le pedía que hiciera tal o cual tarea, se quedaba perpleja porque no recibía miles de cumplidos, y sobra decir que esto la hizo mucho más sensata y menos engreída. Podría entrar en detalles y comenzar una polémica como esas que se montan en los grupitos, que si nosotros no creemos en esto, que si practicamos lo otro.

La cuestión no está en los específicos sino en el tono, en la actitud, y sólo uno mismo sabe, con introspección sincera y en privado, en sus oraciones o confesiones sobre la almohada, si nosotros mismos tenemos ese deseo por aprender, si cumplimos con nuestras obligaciones sin esperar regalitos, si valoramos el trabajo bien hecho incluso cuando nadie nos venga a felicitar por lo bien que hicimos la comida, lo bien que escribimos el último post, o lo listos que somos porque leemos tal o cual libro. También sabemos si nuestros hijos se mueven por la expectación de recibir, por la posibilidad de premiecitos, promesa de actividades, de tal o cual cosa, o si viven con el impulso de su curiosidad, con su capacidad de obedecer y contribuir a las tareas domésticas, con la satisfacción de una vida simple y rica en ideas, experiencias y valores y no en juguetes, compras y consumo.

Hemos perdido quizá la fé en nuestros hijos. Cuando Charlotte Mason vivía muchos tenían a los niños e incluso a los adultos pobres y sin estudios por no mucho más que animales, los maestros veían a los niños como tablas rasas o barcos vacíos como dicen en inglés. Hoy sabemos que son personas, incluso antes de nacer, y que tienen un deseo innato por aprender, pero ¿los tratamos como tales?

Una educación inspirada en Charlotte Mason es algo parecido a  ESTO, y yo estoy comprometida con ello.

7 comentarios en “Emulación, premios y castigos

  1. Creo que todo es demasiado complejo para nuestro pobre entendimiento. A mi siempre me sorprendió que negus iban creciendo deseaban aprender cosas de las que yo era una absoluta ignorante. Y aún hoy me pregunto donde aprendieron cosas tales como montar un estudio de música.

    Hay múltiples estudios interesados por descubrir donde y como desarrollamos la inteligencia, heredada o no, estimulada o no, ambiental o no, … y la forma de educar, otra de las incógnitas de la humanidad.

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  2. Ipe, gracias por pasarte…te echaba de menos.
    Si es complejo, y a mi me gusta tanto pensar en ello como el hecho de que tengo que ponerme a la práctica, lo quiera o no, porque aquí tengo a mi cargo a estas dos niñas y no puedo sólo filosofar, je je je, tengo que decidir y actuar sobre ello.
    Totalmente pienso como tú, salen con cosas que dice uno que de dónde. ¿Has visto con lo que le salió uno de los niños de Marván con las multiplicaciones? Me deja con la boca abierta. Pero igual leí en el post de la madre que ella suavemente pero les hace que practiquen lo que no les gusta tanto, un balance, pero como tienen tanto tiempo (el resto de la tarde, los fines de semana, parte de la mañana), fíjate si les da tiempo a seguir con hobbies, ver pelis (con subtítulos en holandés y en inglés, ojo al dato, ja ja ja), y a investigar y hacer sus propias conexiones.
    En otras palabras, no está reñido digo yo el apretar un poco con el disfrutar.
    Es que como el post de Lau, siento como que vivo con un poco de miedo de decir lo que pienso, como si quisiera por no sé qué razón quedar bien con los que son muy extrictos y muy “dejar hacer”, y yo no soy ni tanto ni tan calvo, pero sí creo en unos mínimos. Y a pesar de que le decía a África que me resulta también difícil tratar de llevarlas por un terreno que no quieren, aún así sigo viendo el modo de que cumplan con unas cositas básicas porque no me siento agusto en que decidan ellas todo el tiempo sobre todo lo que se va a hacer o no.
    Pero por poner un ejemplo, esta mañana hemos estado más de dos horas trabajando, y no ha habido lágrimas ni molestias. Un poquito de negociación, y algo de “vienes ahora y luego coges los patines”, pero luego disfrutan tirando la pelota y diciendo sumas, escribiendo, dibujando unas calabazas, leyendo El Gato Misifú, otros libros en inglés…vaya, que se nos va la mañana trabajando y disfrutando. Y ahora sí no me importa que estén viendo una película.
    Ah, a todo esto cumplieron con los quehaceres también y se vistieron reteque lindas (no porque sea la madre), pero escogieron unos vestidos rojos un poco más abrigados y ahí están, sentadas a juego viendo la tele mientras termino esto y sigo cocinando.
    Besos, Ipe, y a ver si seguimos intentando resolver aunque sea una milésima parte de una de las múltiples incógnitas de la humanidad, ja ja ja.

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  3. Lo que quería decir de Lau es que como ella no sé si estoy siendo hipócrita. Quizá por miedo digo que no soy antiescuela, porque coincido con ella en su post sobre la escuela pero en mi post dije que no soy antiescuela, osea que me siento hipócrita.
    Igual con esto del homeschooling. De veras aprecio y valoro a los unschoolers, pero quizá me ha dado miedo decirlo pero NO SOY tan tolerante. Creo que es ese pánico a que no nos acepten, o a que no piensen que somos dictadores con los hijos, pero en casa tenemos reglas, tenemos mínimos, tenemos disciplina.
    Buff, ya lo he dicho y me siento mejor. Y en realidad no importa si otros piensan diferente, qué bien. No necesito la aprobación de quien piensa diferente, ya tengo el amor y la comprensión de mis amigos y eso no depende de que estemos de acuerdo.
    Besos a todos y todas.

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  4. Que lindo Silvia,

    “ya tengo el amor y la comprensión de mis amigos y eso no depende de que estemos de acuerdo.”

    Yo lo cuento siempre, mi mejor amigo es anti-homeschooling, una lastima, pero eso no ha impedido que nos queramos y que se preocupe sinceramente por mis hijos. Ahora esta ayudando a Emmanuel a preparar su examen de Selectividad.

    Creo que todos nos sentimos así, deseosos de gustar, eso facilita la convivencia… siempre que no se convierta en algo patológico.

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  5. Pues yo no lo había oido, Ipe, pero que increíble que alguien tan cercano como un “mejor amigo” no simplemente lo vea un poco raro sino que sea ANTI homeschooling. Ay, pero que maravilla que os esté echando una mano con Emmanuel y que fuera de su posición teórica o de valores, pueda ver a tus hijos y a vosotros por quienes sóis y no escatimar el cariño.

    Y sí, pienso que tratar de evitar conflictos es humano, o al menos así soy yo, me gusta armonizar, debatir y disentir pero dentro me gusta que me acepten. Ahora que como dices no debemos caer en ello como trampa. Lo que me sirve es recordar que todos tenemos enemigos o disidentes de nuestro modo de ver las cosas, y me tengo que recordar que NO PASA NADA.

    Imagino que el haber tenido problemas familiares un tanto graves y muchas peleas, muchos disgustos y números, me deja un poco de evasión de conflicto “patológica”, ja ja ja. Pero tengo esperanzas de rehabilitarme, no?, ya he dado el primer paso, que es reconocerlo. 🙂

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  6. Sylvia, me encantó tu entrada. Otro día publicaré algún texto de E. White que va en la misma línea. Nunca me gustó eso de los premios y castigos. Elías lo sufrió en su etapa de cole y a mí me reventaba.Besotes.

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