La dicha de educar en casa

Aún no considero que hayamos llegado al punto en el que nos encontramos plenamente cómodas con nuestro día a día en esto del homeschooling, pero estamos en ello.

Todo lo leído en inglés y español últimamente, apunta a lo mismo:

Que el homeschooling nos educa a la madre o al padre al cargo más que a los hijos.

Que no consiste en lo académico o en lo académico sólamente (si bien lo académico es importante), sino que se basa en las relaciones familiares, en nutrirlas y cultivarlas.

Que la paciencia, el amor, y la confianza son primordiales.

Que con un poco de matemáticas cada semana, lecturas vivas y alguna narración, ya tenemos la base sobre la que edificar el aprendizaje.

Que la madre o padre tienen que desarrollar sus capacidades, perseguir sus sueños, y ser los primeros en gozar aprendiendo.

Que las comparaciones, como sobra completar, son odiosas.

Y bueno, en eso estamos. Cuanto más tengo todo eso en cuenta, mejor nos va.

Cuanto más olvido esos principios que nos guían, peor nos va.

Y no hay de otra.

Todos estos y prácticamente todo el inventario de marca páginas terminaron siendo regalados.

Hace poco las chicas decían eso, que somos como somos y no podemos ser lo que no. Parece tonto, pero en esto del homeschooling yo he deseado muchas veces ser otro tipo de madre, os lo aseguro. Finalmente he descubierto que lo que añoro es esa atmósfera de dicha que observo en otras familias. Y realmente la tenemos en casa, si no totalmente presente, sí está ahí, algo agazapada pero pendiente de ser invitada a quedarse. Y esto ocurre según vamos afirmándonos en quiénes somos, qué nos mueve y cuáles son nuestras metas.

Para nuestro profesor de piano favorito.

Para daros detalles nosotros somos de los que tampoco pueden ser unschoolers. Si pudiera ser unschooler, me gustaría ser como ella. Pero resulta que yo soy otra persona. Y si nosotras no tuviéramos un tiempo diario destinado a lecciones, no me sentiría cómoda. Pero tampoco podemos tener lecciones como las que otras familias tienen. El caso es que no quiero ya que las lecciones sean tortuosas ni que nos amarguen, y esto me pasa por eso, por querer plantearlas como otros las hacen. Gracias a Charlotte Mason y al entendimiento mío de que si esas lecciones, lecturas, o lo que sea que hacemos, son tan antipáticas, las niñas no van a recordar nada, y lo peor, entonces nos parecemos a un mal colegio donde los niños están aburridos, desmotivados, y no se retiene nada de lo aprendido.

Después de muchas semanas en las que algunas no me gustó el rumbo que estaban tomando, también nosotras nos dimos un descanso. Durante las primeras semanas hice diversos ajustes a nuestras mentadas lecciones. Las lecturas van ahora más aliviadas, porque son densas y hay que saber diversificarlas y parar en el momento de mayor intriga. Siempre quiero escribir álgido y no puedo olvidar que su verdadero significado es lo más frío, aunque ha solidificado como el momento más culminante.

Las matemáticas las abordamos mediante literatura y juegos, porque así aprende mi hija mayor. Os debo una entrada sobre Life of Fred. Estamos en Edgewood, que viene repleto de conceptos matemáticos avanzados pero que entran increíblemente bien en las mentes de niños que no progresan con programas tradicionales. Hemos visto gráficas, funciones, sumas con llevada o reagrupación, el concepto de multiplicación está incluido. Luego jugamos Speed y con esto aprenden sin lágrimas ni aborreciendo una disciplina tan bella como las matemáticas. El siguiente libro, Farming, viene lleno de funciones, ejemplos, lo que son, expone los niños al concepto de pi, sin darles la fórmula primero, sino incitando a pensar, y también contiene la prueba de un teorema… Stanley, el autor, es increíble. Cuando pensé en estos libros y comenzamos con Apples, nunca imaginé que los 10, pronto 13 libros, contuvieran tantísimas matemáticas que uno retiene de la manera más agradable y natural mediante el mundo que nos crea en sus libros. Usamos páginas de práctica cuando lo vemos conveniente.

Esta segunda semana de descanso en las que no me siento a leer, o en las que no tengo una constancia con el programa de estudios, las niñas pelean más y me doy cuenta de que nos pasa siempre que dejamos de lado ese espacio para las lecciones. Como siempre digo, no es ni mucho menos que no aprendan en otros momentos. Creo que aprenden mucho más cuando están envueltas en sus quehaceres, escribiendo cartas, haciendo manualidades y mil cosas espontáneas, leyendo lo que quieren cuando quieren, jugando, cocinando. Lo que hace uno cuando está en casa… aparte de las salidas, ahí creo que aprenden un montón a su vez. Pero esos momentos que destino a las lecciones, normalmente después de desayunar, a veces al mediodía, otras en la tarde, me dan un norte y las proveen de una rutina.

El quid de la cuestión es cómo desarrollar o gestionar ese tiempo de lecciones. Nuevamente en eso estamos. Casi que me encanta lo que hacemos durante las vacaciones, estoy por mantener este aire tranquilo y libre. En ello pondré mi energía.

Ellas se ponen a hacer y deshacer con lo que hay por la casa.


Espero y daré todo de mi parte para que el 2013 sea un año de DICHA plena educando en casa. A las familias que gozáis de esta dicha, enhorabuena y seguid siendo nuestro motor e inspiración. A las que no, seguid con vuestros ajustes, consideraciones; orando si sóis creyentes, haciendo introspección. Se puede llegar a ese punto. When Children Love to Learn, Cuando a los niños les encanta aprender, no es sólo el título de un libro muy inspirador, por cierto, sino la realidad a la que debemos aspirar y alcanzar.

 

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