El Kiosko del barrio

Algo semejante a este kiosco, es lo que teníamos en mi barrio cuando era pequeña. Después de la escuela, o los fines de semana, podíamos ir solos, o con otros amigos, al kiosco a gastar nuestras 25 pesetas, o menos, porque muchas de las cosas eran 2 pesetas, o cinco, y los artículos más caros, como una bolsa de pipas, patatas o gusanitos, era lo que subía a 10 o 15 pesetas. Pero las chuches o golosinas, eran a peseta o dos la pieza, y podíamos elegir. Ah, la de posibilidades: espumas (como marshmallows o bombones), coca-colas, ositos, gusanos de goma, fresas, moras, pastillas de burro, golosinas ácidas, o azucaradas, con sabor a chocolate, fresa, plátano, regaliz rojo o negro, chicles, caramelos, a veces cromos, pequeños juguetes inservibles, un mundo de posibilidades y colores, felicidad al alcance de toda economía. Y qué emoción cuando nuevas golosinas o productos llegaban y la anticipación de degustarlos. Hoy ya no es lo mismo. Los colorantes y el azúcar tienen muy mala reputación. Los niños no compran nada con 25 o 50 pesetas. Ya no las hay. Nadie pasea ni habita las calles como en los 70 y 80. Deseo que los niños de hoy en día tengan otras memorias queridas como esta. 

 

Algo semejante a este kiosco, es lo que teníamos en mi barrio cuando era pequeña. Después de la escuela, o los fines de semana, podíamos ir solos, o con otros amigos, al kiosco a gastar nuestras 25 pesetas, o menos, porque muchas de las cosas eran 2 pesetas, o cinco, y los artículos más caros, como una bolsa de pipas, patatas o gusanitos, era lo que subía a 10 o 15 pesetas. Pero las chuches o golosinas, eran a peseta o dos la pieza, y podíamos elegir. Ah, la de posibilidades: espumas (como marshmallows o bombones), coca-colas, ositos, gusanos de goma, fresas, moras, pastillas de burro, golosinas ácidas, o azucaradas, con sabor a chocolate, fresa, plátano, regaliz rojo o negro, chicles, caramelos, a veces cromos, pequeños juguetes inservibles, un mundo de posibilidades y colores, felicidad al alcance de toda economía. Y qué emoción cuando nuevas golosinas o productos llegaban y la anticipación de degustarlos.Hoy ya no es lo mismo. Los colorantes y el azúcar tienen muy mala reputación. Los niños no compran nada con 25 o 50 pesetas. Ya no las hay. Nadie pasea ni habita las calles como en los 70 y 80. Deseo que los niños de hoy en día tengan otras memorias queridas como esta.

 

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