Platero y Yo

 

Para mí esto que os comparto es todavía un sueño.
Echemos la vista atrás, y veréis una niña de 9 años, en un colegio de monjas, supuestamente leyendo Platero y yo. Imposible. Nunca pasé del primer capítulo que dice:

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos.
Este libro no es común que un niño o niña de 9 o 10 años lea por su cuenta. Engaña un poco. Platero y yo es poesía, y no poesía fácil para niños, sino poesía con muchos estratos de significado y belleza.
Volvamos al presente, bueno, ha hace ya un año y medio como poco. Veréis a una madre pasados los cuarenta años, leyendo una o dos secciones varias veces por semana a sus hijas gringas de 8 y 10 años, ahora de 9 y 11 años. ¿Lo entienden todo?, ¡qué va! Lo entiendo yo todo, ¡tampoco! Lo bello es que aporta belleza y evoca sentimientos, recuerdos de mi infancia, y les da a las niñas una bocanada de la frescura del español, y les queda un rico rastro de lo que es España, el poeta, su burro Platero, y viñetas de la vida en una Andalucía rural. Es un lujo poder disfrutar de esto en nuestro hogar de ciudad en Houston, Texas.
La vida del homeschooler tiene uno que construirla, a veces desde cero. Y son, como dice Oswald Chambers, los pequeños detalles cotidianos los que importan.
En la foto véis mi cuaderno de apuntes cotidianos. En él escribo párrafos o frases de libros que leemos y que me llaman la atención. El cuaderno tiene diversas citas de Platero y yo, porque una vez que las leo, me apetece pararme un poco y degustarlas de nuevo, hacerlas mías y recogerlas por escrito.
Os animo a que busquéis en vuestro pasado, y tengáis fe cuando escuchéis a Charlotte Mason para quien llevar un cuaderno de apuntes cotidiano, o como ella lo llamaba, “commonplace book”, era no una tarea obligada, sino un placer vital.
Leer a un buen poeta no es actividad de intelectuales, ni de madres con una educación y cultura desbordantes. Yo era, y soy, una persona bien común, que me eduqué en una familia medio disfuncional, que fue a colegios con buenos, regulares, y pésimos profes, y que de aquí para allá, se topó con esta educadora y persona humilde y magnánima llamada Charlotte Mason, y con muchas otras personas que se interesaron por ella. Y todo esto, poco a poco, va tomando forma en mi hogar y convirtiéndose en un modo de vida.
Así que, si hay un poeta en vuestra memoria, alguien quien en tu país, en tu memoria colectiva, en tu cultura, se supone debía haberos gustado de niño, un clásico que nos parece aburrido o elitista, que nadie se esforzó en presentaros de modo que enamorase, o si tuvísteis la suerte de haber encontrado ese poeta en la infancia o juventud, comenzad a leerlo hoy, despacio, y pasad esa herencia a vuestros hijos.

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