Educando en el hogar al comienzo de la adolescencia

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Antes de charlar con vosotros, permitidme compartiros las fotos y contaros de qué van.

La de arriba son mis 5 últimas adquisiciones. Death of a Nationalist es un libro de ficción histórica, crimen y suspenso, publicado en el 2003. Lo han escogido mis amigas del club de lectura. Va sobre la guerra civil y Tejada. Veremos qué tal resulta. El siguiente es un libro histórico sobre el misterio de la muerte de los dos príncipes que le imputan a Richard III en su mayoría, con teorías alternativas que incriminan a Henry VII.

El tercer libro es de mi querido Ortega y Gasset, La deshumanización del arte y otros ensayos. Se que no me defraudará. Por último, dos libros de poesía que me recomendó una persona muy querida a quien conocí este invierno en Madrid, cuyo abuelo fue también poeta y escritor y premio Cervantes 1996, José García Nieto, precedido nada menos que por Cela en el 1995. Los libros son de Alfonsina Storni, y de Gabriel Celaya.

La foto siguiente es de dos libros, uno de mi adorado Antonio Machado, y el otro de Pablo Neruda. 

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Hoy quiero hablaros sobre cómo continuar el homeschooling con niños más mayores. Mis hijas no son tan mayores tampoco, (11 y 13), pero recuerdo qué mayores me parecían niños de estas edades cuando eran pequeñas. Parece dificilísimo. No creo que es difícil, es diferente. Los retos cambian. Siempre he oído que cuando son pequeños el desgaste es más físico, y de mayores mental, -yo diría emocional. Algunas mamis que escriben por aquí, se que han continuado compartiendo incluso en los años de dos cifras, 10 en adelante, por llamarlos de alguna manera. Otros se han ido de la blogosfera. Entiendo quizá el porqué. Es posible que nos falte tiempo. Otra razón puede ser como en mi caso, que se vuelve algo más complicado el compartir sin violar la privacidad. También a mí por un lado, se me han disipado las ganas de compartir con madres homeschoolers en Internet, a la vez que he intensificado relaciones con amigas en persona, o en la distancia pero privadas. También no tengo mucha energía para dar consejos o compartir libros, recursos, o materiales. Es necesario estar presente en lo que una trae entre manos, y mi tiempo libre lo dedico a la lectura, a cultivar mis amistades, a la familia, a mis quehaceres, y a escribir en inglés y compartir con la comunidad lectora inmediata y en la distancia.

Los últimos dos años han sido difíciles, y tampoco tuve muchas ganas de compartir, porque fueron de transición. Venía de un ideal de Charlotte Mason, de haber sido portavoz de su filosofía, a una combinación o configuración algo distinta en mi familia. Primero abandoné mi función de moderadora de Ambleside Online, y luego dejé también de detallar aquello en casa que hacíamos cada año. Lo cierto es que seguimos inspiradas por Charlotte Mason, y por la selección de libros de Ambleside Online, pero he ido acoplando todo lo que quería y soñaba con hacer, a lo que la realidad nos ha ido dictando.

Hoy por hoy, me siguen encantando las prácticas propuestas por Charlotte Mason. Comoquiera, soy consciente de que no todas han arraigado en mis hijas, y ya no lo veo como fracaso o pérdida, sino que me enfoco en que seguimos en esto, y en la imperfección y con los momentos de dudas y desesperación, aquí seguimos, enamorada de la vida que Dios nos brinda. Tras un viaje a Madrid con todo tipo de dificultades familiares, disgustos, alegrías y llantos, algo me queda claro, que todo lo que nos pasa no es en vano. Parece que finalmente, la niebla del ideal se va disolviendo, y puedo apreciar la realidad a todo color. El homeschooling entonces es como el matrimonio, en las buenas y en las malas.

Volviendo a hace dos años más o menos, cuando las niñas estaban en quinto y tercero, el plan de estudios que preparaba siguiendo AO, empezó a hacer aguas. Lo bueno fue que nos apuntamos a un co-op, no CM, pero una comunidad de familias maravillosa. Y empecé a ver que no tenía sentido seguir aferrándome a lo de que “deben estar haciendo esto, o lo otro”, y menos a lo de “no están haciendo suficiente”, etc. Entre tanto, las niñas tuvieron sus momentos de querer pasar tiempo separadas, por lo que la pequeña nos sugirió que la apuntáramos este año escolar que viene a una escuela chárter, o incluso a la escuela pública. Pero en las vacaciones, nos dijo que no lo tenía claro, que quería seguir conmigo (con el co-op y quizá algunas clases fuera de casa). La verdad es que yo estaba contenta por un lado pensando que iba a ir a una escuela chárter cercana. (Las escuelas chárter son gratuitas, y tienen más flexibilidad que las públicas, menos alumnos, pero más opciones extracurriculares, etc., que estando en casa). Pero viendo que deseaba seguir, me volví a amoldar a la idea de continuar con ambas.

Y hemos retomado las clases con gusto. Llevamos poco, se que habrá algunos baches en el futuro, como todo, pero parece que hemos entrado en una nueva etapa en la que intento más que nunca recordar que hay que seguir con calma, con paciencia, sin presionar, con constancia, y con gratitud por lo poco o mucho que hagan cada día.

Para dejaros con una idea de lo que hacemos o hacen, os comparto lo que se traen entre manos. Como siempre, creo que al que lo mira con niños más pequeños, o a quien no se ha parado a apuntar y reflexionar un poco sobre sus días y sus quehaceres, puede parecerles mucho. O también poco, porque hay niños más orientados hacia la música, o matemáticas, o deportes, y cada familia homeschooler se configura bajo distintos patrones. Por eso también me aparté de los “cómo hacer esto”, y me dediqué a hacer lo que tenemos delante, punto. De otro modo, cuando veo todo lo que compartimos en los medios sociales, me vuelvo loca y me entra tentación de comparar, y por ahí es malísimo camino.

Con ambas:

  • a diario leo un salmo, un pequeño devocional de Charles Spurgeon (un verso y una idea o concepto que deriva del mismo), o unos capítulos del libro bíblico en que estamos.
  • alterno lectura de una obra de Shakespeare, una vida de Plutarco, y poemas -bien de un autor, o colección
  • leo un libro por placer, el que tengamos (ahora es The Silver Chair, nuestro cuarto título de la saga de Narnia, que son siete).

Con cada una:

  • matemáticas. La mayor comienza mañana clases fuera, aún así, tengo que apoyarla en los deberes, o explicarle algunos conceptos. Igual a la pequeña
  • A ambas aún las leo un libro de sus lecciones
  • las dicto de un libro, o copian pasajes

Ellas por separado:

  • leen sus libros independientemente (uno o dos, la mayor a veces tres), me narran oralmente o por escrito
  • a veces vemos o trabajamos un poco con mapas

La selección que tienen consiste en un libro de biografía, uno o dos de historia, otro de geografía, varios cortos o más largos de ciencias, y así. Ya no hacemos como quisiera estudios de naturaleza, pero vamos al museo de ciencias, donde toman clases variadas una o dos veces al mes y hacen disecciones.

En el co-op, la mayor tiene dos clases, y la otra clase ayuda a las maestras de los niños de prescolar. La pequeña tiene tres clases. Son variadas, y una de las clases de la mayor es exigente. (Tienen que leer y escribir, es la constitución, y están viendo casos y aprendiendo sobre la misma con una de nuestras mamis que es abogada).

Los títulos de la mayor:
THE STORY OF THE WORLD IV, Susan Bauer
THEY CALLED THEMSELVES THE KKK, Susan Campbell Bartoletti
THE BOOK OF MARVELS, Halliburton
IT COULDN’T JUST HAPPEN, Lawrence Richard
THE ELEMENTS, Theodore Gray
THE RADIUM WOMAN, Eleanor Doorly
THE PRINCESS AND THE GOBLIN, McDonald (con el co-op)

Los de la pequeña:

A Child’s History of the World
Abraham Lincoln’s World, Foster
Life in the Deep Sea, Asimov
King Arthur, Roger Green
The Lewis and Clark Expedition
George Washington Carver
Linnea in Monet’s Garden

Nos faltan cosas que siempre me encantaron, como escuchar música de compositores, ser más constantes en apreciar cuadros de artistas, estudiar lenguas extranjeras, latín, llevar diarios de naturaleza y ciencias… un montón de cosas que otros hacen, -o no, :), en fin, uno hace lo que puede como puede, pero no sólo, disfrutamos, dentro de la realidad de que casi todo es difícil para ellas (e incluso para mí), y les cuesta su esfuerzo, por lo que pasado cierto tiempo en una materia, o haciendo alguna tarea, hay que tomar un descanso o ir a otra, y no se mueven ni como soldados ni se deslizan como patinadoras expertas tampoco. Pero después de cada día de trabajo, cierto es que les queda la satisfacción de haber estado en contacto con ideas, y haber trabajado en problemas o cálculos, haber escrito o narrado. Y por todo ello, y por darme en cada etapa fuerzas cuando pienso que ya no tengo ganas de seguir en esto, le doy gracias a Dios.

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