Categoría: Escritos y Pensamientos

Mi blog sintético

En varios blogs y por email estos días traigo barruntando el tema de las distintas madres homeschoolers, de los diversos blogs con diferentes estilos, de los comentarios, pero sobre todo de los malentendidos. También pienso en cómo me estreso y el estrés o malestar que puedo generar sin siquiera saberlo, y me causa desánimo y cierta tristeza inexplicable.

Soy una idealista sin remedio. Mi canción es la de ‘yo quiero tener un millón de amigos, y así más fuerte poder cantar’… pero bah, luego me digo que suena cursi y que es una realidad que nunca gustaremos a todos ni falta que hace. No sería sano. Y no sólo eso. Me consta que muchas amigas que bloguean y tienen blogs donde todo pinta perfecto, no se sienten perfectas ni mucho menos. Pero cómo nos entre o lo que nos parezca un blog es subjetivo, y allá cada cual para decidir cuáles seguir y cuáles no. De mi lista de blogs siempre hago limpia. Hace no mucho saqué varios blogs porque definitivamente me causan estrés innecesario. Y no dudo que las madres sean mujeres reales, con ganas de inspirar, no de fastidiar, pero hay un límite de fotos divinas, proyectos espectaculares, listas de libros y recursos, planes, actividades, etc. que mi ‘neurona’, como dice Paloma, puede aguantar… si hasta hay días en que navegar por mi blog me da sudores.

Me explico.

Durante estos tres años blogueando, he metido la pata cuantiosamente, me he enfadado y mosqueado bastante, habré ofendido (claro, inconscientemente, uno nunca tiene mal concepto o hace maldades deliberadamente, al menos no es así como me quiero ver), y me he sentido ofendida y dolida.

Tengo mis cábalas y barruntos de quién me adora, quien me tolera, y quien me odia con pasión… Y tengo claro que estoy equivocada en cuanto a quién está en cada categoría.

A lo largo de los años y aún hoy en día, me estreso con los posts de amigas y con lo que veo que otras familias y niños hacen. Pero como todas sabemos (aunque no lo practiquemos como debiéramos), no debemos compararnos y menos leer lo que nos deja sintiéndonos fracasadas. No es que no quiera leer ciertos blogs, es que cada uno tiene su momento, y mi intento es acertar en cuándo leer y cuándo dejar quieto determinados posts o blogs.

Entonces,

¿Qué pinta este blog y qué pretendo con él?

Presumir, sí, porque a menudo me hace falta que mis amistades en internet y en persona vean lo que hacemos, lo que leemos, lo que comemos, lo que visitamos, lo que nos pasa. ¿Se puede presumir sanamente? Quizá no. No sé. Pero hay veces en que me apetece pegar fotos chulas y todo eso, porque me suben el ánimo, me devuelven quizá la imagen de lo que quisiera que fuera nuestra vida, y hay momentos en que así es, porque como cualquier realidad, el homeschooling es algo ESTUPENDO, que tiene momentos espantosos (¿queréis oir historias de terror? Las tengo, ja ja ja). Claro que ahora comprendo que estos posts presumidos le pueden dar bajón a quienes lo vean todo tan bonito, si es que lo ven todo tan bonito, que no sé si es esto lo que a veces proyecta el blog o no.

Reflexionar en voz alta. Porque me gusta la metodología, y en especial esta mujer que fue Charlotte Mason. Y porque, aparte de lavar platos, cocinar a veces sin ganas, no tener un trabajo remunerado fuera de casa, ni muchos otros beneficios de mi época pre homeschool, he trabajado 15 meses traduciendo y preparando un curso que espero ayude a otros tanto como a mí.

Compartir. Porque quizá a otros les ayuden o inspiren (si no bloquea y provoca unos celos insanos) nuestras lecturas, planes, recetas o yo qué sé, lo que en ese momento cruce mi camino y llegue al blog.

Por eso creo que este blog que leéis es sintético. Sintético en tanto que es artificial, plástico y por lo tanto inerte. No puede nunca reflejar quiénes somos o quién soy en realidad. Otra porque es sintético en el sentido de ser una recopilación de ideas, recursos, propuestas y reflexiones que espero que sepáis que surgieron de buena fe, sin intención de fastidiar o estresar al que las lee del otro lado. Si eso he causado, me disculpo. Si por eso preferíis no leerlo, os comprendo, yo hago lo mismo.

Bueno, pues nada más. Que mejor lo dejo sin fotos.

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Para quienes sabéis de mi vida privada, a mi madre le han quitado el tubo respiratorio. Os seguiré dando noticias de su progreso.

Cáncer (cómo nos afecta a todos)

¿Te ha impactado el título? Si es así, quizá sea porque eres joven o porque aún el cáncer no se ha presenciado en tu radar vital. Así vivía yo hasta hace dos años, en la dulce ignorancia. Pero un día entró en órbita y con ganas. Tanto es así que ya no quiere salir. No porque me haya afectado a mi directamente, sino porque está a mi alrededor. Así que hoy he decidido hablaros de él, y hablarle a él. Y es que el cáncer no es algo de lo que muere la gente, sino con lo que vivimos todos. Es una lotería a la inversa en cuanto al premio gordo, pero a todos nos cae un segundo o un tercero.

Muchos cristianos como es mi caso, no pensamos que seamos un cuerpo con alma,  sino más bien que somos un alma en un cuerpo. Y si el cáncer, que a todos nos ataca, arraiga en alguno de nuestros cuerpos, lo padecemos pues en cuerpo y alma algunos, otros en nuestra alma sólo, pero la carga la llevamos por momentos, más a diario o menos, más pesada o menos, en un principio todos. Claro que no puedo robar de la fuerza y coraje que supone llevarla al que la vive en cuerpo y alma. Eso es un ejemplo ante el cual sólo podemos admirarnos y agradecer tenerlo presente.

Todos entonces tenemos personas en primera fila de batalla viviendo con cáncer, cuando son padres, hijos, cónyuge… o en segunda, familiares como tíos, primos, sobrinos, o en tercera, o quizá no haya números de filas, porque la cercanía o lejanía depende del lugar que el individuo inmerso en el ciclón que supone este lío de células nos asigna. Puede querernos dar entrada o proximidad como puede alejarnos un poco o del todo. Y no creo que sea porque no nos quiere cerca, es que los cálculos después de que cae la bomba se hacen de forma personal y privada, y podemos ser llamados a trincheras o no. Pero si no lo somos, hay una función muy importante para todos nosotros. Siempre podemos apoyar, si no a quien tiene la nube sobre la cabeza, al que ayuda al que la tiene, y formar una cadena en que todos nos ayudemos a seguir la marcha.

Lo importante, nos cuentan los sabios, es no dejar de correr. Si estás avanzado, baja el ritmo y llama a los rezagados. Si estás rezagado, escucha a los que te llaman, dale como puedas, corre con el alma si no se mueven tus pies, pero no te quedes bajo la nube.

Hace poco leí que el que vive con cáncer no quiere sentir el vacío. Muchas veces nos callamos porque no queremos decir la palabra con la C, o no queremos meter la pata. Bueno, pues oído por alguien que está inmerso en esto, mejor meter la pata que no decirles nada e ignorarlos. Al fin y al cabo, como digo, todos vivimos con cáncer, no es algo a callar, ni menos a ocultar bajo la alfombra. Me dicen que también quieren oir de nuestros problemas o preocupaciones. Pero nos debería ayudar a recordar este dichoso cáncer, que todo o mucho de lo que nos pasa es lo mismo, que lo que nos separa es CÓMO decidimos vivirlo, contarlo, y qué actitud tomemos. Que berrinches y depres nos las llevamos todos, unos con razón otros de una forma bochornosamente injustificada, pero que lo que nos diferencia es, tras el bajón, ¿ahora qué?  Ahora lo dicho, a seguir moviéndonos, aunque sean pasitos estilo Muñecas de Famosa, que lo importante son las zambombas, eh, no hay que perder el ritmo.

El cáncer nos cambia. Nos debe hacer a todos más fuertes, porque hoy estamos aquí, mañana allá. A todos nos toca, que no te intimide. Hoy hemos escuchado nuevamente a mi predicador dar gracias por nuestras oraciones, tarjetas de ánimos, y comentarios. Su cáncer nos tomó a todos por sorpresa. Hace seis meses le dijeron que tenía SÓLO unos días de vida. Hoy por hoy vive con cáncer y éste le ha dado seis meses difíciles pero de gozo y de confianza renovada en Él, que nos inspira y mueve a todos nosotros a su alrededor.

Al principio me extrañó todo, no salía de mi estupefacción, todo se volvió cancer, en la vida, en la internet, en la distancia, de frente… Comentaba con amigas cómo podía ser que tantísima gente a mi alrededor atrapados con este dichoso huésped que entra sin ser invitado. Luego me dí cuenta. Siempre ha estado aquí, está aquí. Agradezco aquellos que lo tienen que atender y sufrir y si es posible despedirlo para siempre, porque nos hacen comprender. Para mí este entendimiento supone darme cuenta de que no estamos aquí para siempre. Que este mundo no es nuestro destino final. Qué le voy a hacer, creo en Dios, no es plan de estar siempre viendo señales en cada vuelta de esquina y decir como siempre que todo pasa por algo… sí, claro, pues que le pase a otro, es lo que pienso. Claro que todo pasa por algo, no vayas a decirle eso a alguien que acaba de tener un diagnóstico propio o cercano, o a alguien que lleva ya en esto mucho tiempo. Es como cuando nos viene una pérdida de un hijo en el vientre que no llega a ver la vida o sólo por unos minutos o segundos, o perdemos el trabajo, o sufrimos un accidente, o cualquier enfermedad. Escuchar que todo pasa por algo así a palo seco, pues no ayuda. Pero puede ser un principio de conversación, que no se quede ahí sólo. No sé. ¿Y tú? ¿Cómo llevas tu cáncer?

 

La escritura y la lectura

La escritura…definir qué es la escritura no es sencillo. Escribir puede explicarse como un camino para aprender y compartir, un vehículo para alcanzar a otros y abusando del dicho, llegar a lo más profundo de nuestras almas.
La escritura es la mitad de mi corazón,
la otra mitad que lo completa es la lectura,
y cuando se aunan, palpitan vida en mi ser.

La escritura y la lectura han de ser placenteras y edificantes. En ocasiones nos retarán, en otras nos servirán de asuero. Pero hay una lectura que es más poderosa que todo lo demás, es la lectura de las Escrituras, porque las palabras en ella contenidas son la fuente de vida, nos amonestan, animan, edifican, nos dan respuesta a las preguntas existenciales, y nos muestran el camino a seguir.

Salmo 42:1

COMO el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

La foto es un autorretrato tomado y editado por mí. En la otra mano escondido tengo el control remoto de la cámara.

 

El patio de mi casa

Esta soy yo con ocho años y un vestido ibicenco que me trajo mi padre de uno de sus arbitrajes en segunda regional. Con esta edad vivía en la calle Sagrados Corazones, en un barrio del paseo de Extremadura.

El pasado mes de enero, cuando mi padre aparcó el coche frente al portal y bajamos Steve, mi hija mayor y yo, se me cayó el alma a los pies. La calle era estrechísima, no la recordaba así. El tramo de la iglesia parecía algo más espacioso, pero no era el lugar que recordaba, el patio interior ahora era aparcamiento, y a pesar de hacer bueno, no se veía, para ser vacaciones, a niños en las calles como estábamos nosotros tirando la pelota contra la pared de aquel patio trasero o bajando por la rampa en bicicleta. ¿Dónde están los niños? Eso es otro tema.

El bar de siempre, que no es que lo recordara con gran cariño sino con repugnancia, se me hizo tan encogido, y lo atendían un par de chicas jóvenes porque de seguro habrá cambiado de dueño en treinta y pico años varias veces, si es que los que lo llevaban cuando era pequeña aun viven. Mi padre después de pasear y ver un rato ya quería irse, yo quería seguir bajando desde esta calle a la otra, persiguiendo los recuerdos con mis amigas, como si por insistir una pequeña luz pudiera abrirse paso y rescatar aquellos años extrañamente dorados. Lo que hubiera deseado poder entrar en mi antigua casa. O mejor no, quizá hubiera llorado de locura al ver que mi habitación donde leía cómics de Asterix con mi abuela sentada al pie de la cama, era no más que un cuartucho para algún alma desolada buscando algún sucio consuelo.

El tramo del portal a la carretera general que cruzaba a diario para ir al colegio era mi camino de caperucita, pánico daba cruzarlo sola si llegabas tarde por haber tenido que volver por el chándal y las zapatillas de goma Tórtola para hacer gimnasia. Del lado de acá de un tunel que cruzándolo llegas a la casa de campo, estaba la puerta de mi colegio de monjas, y del lado de allá del tunel, la otra sección del colegio de quinto a octavo a la que nunca llegué a ir pero que siempre cruzábamos para ir a la casa de campo. Qué decir de la reja carcelaria y muro vomitivo que tapa la vista al colegio Divino Maestro. Aun sigue, me dijo un viejito con quien estuvimos hablando un trecho, ahora es subvencionado o algo así, según él hay muchos niños de latinoamérica. Como eran vacaciones estaba cerrado. De nuevo me hubiera gustado tanto entrar, pero qué tal si el colegio tampoco era precioso. Las monjas algunas eran de ojito al canto, que te entraba un gusanito en el estómago de ir de una clase al salón de actos donde ensayábamos música porque ir sóla por los pasillos como te pillaran, aunque fueras a un destino legal a hora legal, ya el hecho de deambular sola te daba un cosquilleo de rebelión entre culpable y emocionante. Pues según el viejito, que pasa al colegio porque lo abren para votaciones, el colegio es muy majo… quién sabe qué fue del tobogán donde la que hacía de tapón terminaba lisiada de la espalda, y eso en colegio que antes era sólo de niñas, con monja fumando Ducados al cargo de llamarnos la atención. Que eso nos dejaba, pero llevar borrador a clase era primer grado, por lo que a mis hijas les divierte que les cuente que la miga del pan es un sustituto algo miserable de los borradores pero que te saca de un apuro.

Volviendo al túnel, estaba lleno cómo no de grafitti con una o dos tés no sé cómo va el rollo, sí que está de espanto, pero eso ya viene de mi época. Con decir que de vuelta a la calle donde teníamos el coche nos topamos con un grupo de porreros cincuentones, y la depresión que me cayó de ver el barrio inundado de tachones, porque ni graffiti ni mandangas, lo que está es sucio, decaído, en coma etílico, y no es mi percepción, mi padre también sintió lo mismo, mi marido dijo que se veía una zona muy malograda de Madrid.

Pues a pesar del choque de recuerdos y la mancha en la memoria que me hice, no todo fue agua de alcantarilla, porque en la casa de campo, en la que al menos pudimos respirar, con el parque de atracciones del otro lado, los pájaros mezclando sintonías con los hombres jugando petanca y tute, y niños jugando en los toboganes y sube y baja, mi hija fue feliz. La ví saltar, correr alrededor de las mesas donde mi madre, sus amigas, y toda la chiquería merendábamos durante tardes que eran siglos, donde el tiempo se paraba y la sensación de libertad y felicidad eran interminables. Ella está forjando sus memorias, para ella el parque, Madrid, mi barrio, el túnel, la barandilla a la que se sube todo niño y que ella también atacó recibiendo, cómo no, la reprimenda de alguien que siempre pasa cuando estás montándote en ella. Y la papelería, que aunque se mudó a un local cercano sigue ahí. El mismo olor a papel y libros que tienen las papelerías de barrio, la misma sensación con una persona en el mostrador que te saca tantos modelos de bolígrafos que no puedes decidirte. Sigue habiendo bolis bic, ahora los de colores los hay tipo retro, el que yo usaba que era la bomba, y otros más estilo sci-fi (ciencia ficción) metalizados y con colores eléctricos.

Comprendí, salvando las distancias y la calidad literaria, aquello que escribiera Brian Friel, autor irlandés, en su cuentito Among the Ruins, recopilado en su libro de cuentos cortos The Diviner y del que oí gracias a Stephanie. Su memoria al volver al lugar de su infancia se arruga. El bosque mágico no son mas que un puñado de árboles en ruinas, pero su hijo está forjando en ese mismo lugar, memorias de la infancia que quizá a su vez, repitiendo el ciclo, venga a cambiar por otras al ser padre, sólo para contemplar cómo su hijo a su vez juega con la misma vehemencia y ensoñación con que lo hacía él mismo cuando tenía por delante la eternidad que sólo roza la infancia.

Perros, Texturas, y Matemáticas

De PERROS:

Os presento a a nuestros perros. Arriba tenéis a Chip, o Chippy, como perla de chocolate, o chocolate Chip, que adoptamos de unos amigos cuando tenía cuatro años hace casi siete, y que antes vivía con una anciana abuelita de mi amiga, y que era entonces vegetariano, dormía bajo los edredones en la cama de la ancianita, y aun cree que es humano. Aun le encantan comidas como el brócoli, o los tallos de la coliflor, las zanahorias. El pobre pasó unas semanas angustiosa con mi amiga cuando estuvimos de vacaciones. Nunca se adaptó. Encima mi amiga, contrario a lo que le advertí, lo dejó encerrado dos noches en una habitación vacía, y la segunda le hizo un tamaño agujero a su moqueta. Aun estamos en la reparación de los daños causados por Chippy, el consuelo que tengo es que un hotel nos hubiera cobrado mucho más que lo que me tocará pagar a mi amiga por la nueva moqueta. Ya le estamos engordando un poco, y le vuelve el lustre, pero mirándolo aquí, creo que aún le ha quedado la melancolía de pensar que le habíamos abandonado en las vacaciones.

 

Esta otra belleza es Tucker, el perro adoptado de la madre de una amiga que a su vez lo tenía porque su hija quien lo compró hace dos años de bebé nunca se pudo hacer cargo de él. Tucker es un amor. Inteligente, obediente, y hace las delicias de las niñas porque se pone en las patas traseras y da un saltito cuando le damos algún caprichito. Si nos vamos y dejamos nuestros zapatos a su alcance, este perro no los muerde, pero se los lleva a su cojín tan ricamente.

De pequeña los perros me espantaban desde que un caniche en un bar, al que cogía en brazos una señora, tras preguntarla si se le podía acariciar, me mordió la mano derecha, yo que era una niña de dibujar y escribir a todas horas, me quedé llorando y traumada. Sumadle a esto los pastores alemanes y doberman que tenía mi tío para cuidarle la parcela, que cuando los dejaba sueltos en el salón me subía hasta la lámpara de la impresión. Y esos perros, aunque leales y buenos, alguna que otra vez mordieron a algún niño. Menos mal que no era Estados Unidos y la gente no hablaba el lenguaje de las demandas, que si no, hubiera tenido mi tío que vender el chalet tan divino, con huerto, futbolín, piscina, barbacoa, chimenea, y tardes deliciosas de verano y cualquier puente con él.

De novia y ya casada, como a mi cuñada los perros y gatos son su locura, desde siempre tuvimos que, cuidar sus animales, o heredarlos por imposibilidad de hacerse cargo de los mismos, y me pareció importante que las niñas crecieran con animales cerca, porque se aprende y se disfruta muchísimo de ellos.
De TEXTURAS:

Hace dos semanas, en la primera clase de arte de las niñas, mi amiga les puso un pedazo tamaño medio de arcilla, y estuvieron haciendo impresiones en él con diferentes elementos de la naturaleza. Les puso detrás una grapita que es para colgarlos antes de que se secaran, y así nos los mandará para que decoren nuestros hogares. Pero no hay dos iguales. Una vez sacada la arcilla, mis hijas prefirieron extenderla ellas, y se nos ocurrió dibujar con palillos. La foto de arriba es de la pequeña, la de abajo primera de la mayor, la de abajo en medio mía, la de abajo última, copiándome a su manera, de la mayor también.

Esta arcilla no es la de Pilar que es la experiencia completa porque creo que ellos mismos la mezclan, está a caballo entre esta que os digo de Pilar, y la plastelina arcilla que no huele ni mancha. Se le puede añadir agua, claro que mancha (pero se quita muy bien porque es un elemento natural), y si la dejas al aire se seca en uno o dos días. Se puede pintar normal. Mi amiga la maestra de clases, hace brazaletes y colgantes u otras figuras de arcilla, algunas las deja así para que otros las pinten, otras las pinta porque tiene la pintura, el barniz, y el horno para finalizar el proceso.

De MATES:

Después de cuatro años creo que me siento agusto con las matemáticas. Sí, suena extraño, ¿verdad?, después del post diciendo que a mi hija mayor no le gustan. Con lo que no me reconciliaba es con mi IDEA de dónde tiene que estar en matemáticas, de ahí los dimes y diretes cuando nos poníamos con lo que YO creía debía de ser su nivel de práctica de las matemáticas.

He llegado a estas pequeñas conclusiones, por si os sirven:

1. El temario de lo sugerido por cada curso o grado es en principio y hasta octavo, al menos los temas vistos están claros, otra cosa es que no sepamos nosotras los mismos. En esta página que hace poco os compartí, están esos temas y en español también, para diferentes continentes, no podemos quejarnos. Es AAA Math. Es una orientación. En los centros, hay niños que pasan de curso, unos habiendo captado más, otros menos, del supuesto temario, pero la vida sigue.

2. Cambiar de ‘curriculo’ (si es que usáis uno), no es recomendable. Usarlo diferente SÍ es necesario, especialmente si no tenéis un niño o niña al que le agrada completar todas las páginas de la primera a la final porque le sea fácil así. Se puede alterar, suprimir, dejar para después, hacer oralmente algunos ejercicios… buscar la manera de sacarle el mejor rendimiento.

3. Pasar tiempo explicando los conceptos que vemos en esos temarios, desarrollándolos con manipulativos y juegos, no es tiempo perdido, al contrario, eso ayuda y refuerza, hasta que entonces el ejercicio en particular sea más sencillo para el niño.

4. Incorporar libros vivos de matemáticas es algo que recomiendo. Compramos dos de los volúmenes de primaria de Life of Fred, y nos fascinan a las tres. Stanley, el escritor, es un apasionado de las matemáticas, y esa pasión transmiten los libros. El primero es sencillito desde el punto de vista de la aritmética a la que te expone, pero lo interesante es que te abre a más que el clásico 2 más 5 igual a 7. Los temas y terminología están hilvanadas en la historia, y son algo que yo como miope matemática nunca me daría por pensar, mucho menos traer a colación de una manera relevante.

5. Que si tu hijo está en segundo haciendo mates de tercero, o en tercero haciendo mates de segundo, lo importante es estar metido en matemáticas. Tengo presente no transmitirle señales obvias ni sutiles a mi hija de que va por detrás o por delante en nada, y en especial en matemáticas.

6. Lecciones de diez o quince minutos a mí me bastan, pero hay que ser constantes. Y añade más tiempo con juegos y actividades que le gustan y refuerzan conceptos pero no sólo, que nos unen como familia y nos hacen pasar buenos ratos.

7. No hace falta que tengas mil actividades planeadas, que compres o trasnoches preparando materiales. Utiliza primero lo que tienes, comienza a guardar aquello que te sea útil y gratuíto, y ponte unas metas de aprender uno o dos juegos nuevos al mes o cada tres. Metas razonables. Algo de lo que he aprendido mucho ha sido leyendo libros de consulta de matemáticas que tengo (y otros que he sacado de la biblioteca), así como algunos blogs como el de algoritmo abn, y hace poco que encontré Aprendiendo Matemáticas  en el blog de María. Tened vuestras fuentes de otros que disfrutan de las matemáticas para inspiración. Marvan siempre tiene muchas actividades sencillas y muy ilustrativas para las matemáticas también. De nuevo, no os saturéis de información. Muchas cosas sabemos y tenemos: dominós, juegos de cartas, el juego de tocado hundido que se puede hacer con un papel de cuadritos…

Estas semanas desde que volvimos, aparte de los dimes y diretes y volverme a replantear cosas, hemos jugado a la escoba, jugamos Boogle, Charades, el juego de los chocolates que me encontré por cuatro dólares en la tienda de segunda, disfrutamos de varios libros como de costumbre, en especial de Pinocho, y estamos avanzando en nuestro camino propio, en nuestro particular equilibrio cotidiano.