Categoría: Sobre el libro en que trabajo

Sobre disciplina, matemáticas y otros asuntos de interés

 A comienzos del año le dí al libro un buen empujón, pero en Febrero admito que me desinflé. Y es que no se debe ir tan aprisa porque luego viene una parada en seco. Eso en teoría lo sé bien, pero el ritmo se me dispara y como toro voy detrás del capote para luego caer patitas arriba desplomada. Así que me he vuelto a impulsar pero piano piano, y gracias a los ánimos de Marina, Karla, y personas que siguen pensando que debo seguir escribiendo el libro sobre la educación en casa, lo retomo con mucho juicio, con ganas.

Y ahora, antes de irme a escribir, quisiera comentarle un poquito a Marina y a todos sobre matemáticas y disciplina. Uno de los asuntos que más nos ocupan a quienes educamos en casa, es el manejo de las llamadas “asignaturas”, que en realidad no es más que el cómo encaminar el aprendizaje.

Llevarse la escuela a la casa no es lo que aconsejo. Suele traer muchos dolores de cabeza, porque las escuelas proceden con todo su sistema y mecanismo de refuerzo y recompensa de los comportamientos que buscan, y en casa los niños pronto desenmascaran varios de los sinsentidos como el de tener que trabajar una plana de quince problemas sabiendo que los pueden resolver. Tener que estar una hora escribiendo una redacción, y cambiar porque tocó la campana, incluso si quieres terminar tu trabajo escrito. Los exámenes tan recurrentes tampoco tienen sentido en el hogar donde no tenemos que mostrar a cada rato las “notas” porque tenemos recolección extensa y detallada de por dónde van los niños. Además la belleza de la educación en el hogar es eso, que no es una réplica de los colegios, es un proyecto orgánico, bello, particular, que nos cambia a todos y que cambia todo, una ocasión única de reinventarnos, descubrirnos, crecer y aprender juntos en el entramado de nuestras creencias, principios, valores, vivencias, pasiones y aficiones.

Pero educar en la casa sin tener unas metas, sin inspirar ni preparar, sin reflexionar sobre qué y cómo entendemos la educación tampoco lo recomiendo. El niño requiere de nutrición para su cuerpo y su mente también necesita alimento. Al igual que le damos una dieta lo más nutritiva posible, con ciertos caprichos y excepciones, pero con desayuno, comida y cena diarios, el intelecto prospera o se acartona dependiendo de si le damos una dieta rica y nutritiva, sin faltar las comidas diarias o si le tenemos a base de tentenpiés y alimento inconstante. Pero alimentar el intelecto no consiste en dar lecciones dirigidas, sino en inspirar y dar ejemplo y en ponerles en contacto con las ideas de las que se valdrán para hacer sus conexiones y explorar más a fondo lo que les llame la atención de lo que aprenden.
Si nos centramos en la repetición y monotonía de practicar sólo destrezas (skills) como la parte técnica de la lectura que aquí llamamos PHONICS, o en matemáticas resolviendo operaciones y completando ristras de problemas, o les ponemos a escribir palabras aisladas para aprender ortografía por la mera práctica, con toda seguiridad que los niños se negarán a cooperar y a seguir las lecciones. Si separamos historia, ciencias, literatura, y leemos libros para recolectar datos y demostrar que los recordamos, o si sólo hacemos proyectos de vez en cuando que tarda uno más en pensar y preparar que ellos en realizar, nos vamos a cansar, y los niños pronto se aliarán en un motín contra esos padres en el papel de dictadores de conocimiento y policía del progreso.

¿Qué hacer entonces para cultivar su curiosidad? ¿Cómo guiarlos en el aprendizaje? ¿Cómo conseguir que se embarquen en proyectos y que busquen aprender autónomamente? Una vez que decidimos qué lecturas guiarán nuestro camino, y que hemos encontrado un programa adecuado de matemáticas (y estoy hablando de los seis años en adelante, y si es antes con cautela y sin presión), y nos hemos centrado en ciertas prácticas que queremos seguir (tiempo en la naturaleza, lectura de la Biblia los que lo estimen necesario, un día a la semana de cocina juntos, lecturas de libros vivos que suscitarán el aprendizaje de historia, de ciencias, tiempo para dibujar, crear y explorar nuestra faceta artística, música, tiempo para buscar en Internet algún vídeo, documental o película que nos interese…) Una vez determinado el camino a seguir, uno será el primero que se deleite en estas lecturas y que se les una en el aprendizaje. De verdad no sé quién está disfrutando más de Winnie the Pooh, el estudiar juntas las historias bíblicas y ganar unos detalles que aunque mis hijas no absorban yo sí estoy ahora disfrutando y adquiriendo, o de las hazañas de personajes históricos como William Penn, Louis Pasteur, o con las diversas lecturas que tenemos que de veras son un deleite.

Y por fin las matemáticas. Si tu hijo ha tenido una mala experiencia con ellas, sería recomendable que cambiéis de materiales, programa, etc. Empieza con matemáticas orales, dá marcha atrás, que un paso atrás te dará dos hacia adelante, con lo cual habrá avanzado uno respecto a donde se encontraba antes. Busca modos de conectar al estudiante con las matemáticas. Mediante biografías de matemáticos, vídeos, literatura sobre matemáticas. No te dé miedo a que se “atrase” en el programa. ¿Qué es atrasarse? ¿Acaso por seguir a fuerza en el camino del currículum propuesto o impuesto por cada curso es avanzar? No todos tenemos ni preferencia ni talento especial para las matemáticas, pero todos podemos adquirir un grado decente de formación matemática que al menos no nos impida seguir con nuestros propósitos vitales. Y confía en que si las circumstancias lo requieren en el futuro, tu hijo, con una mente más madura y sin desagrado patológico por la materia, estará en mejores condiciones de aprender lo requerido. Lo digo por experiencia. De no gustarme las matemáticas y ser la única asignatura que suspendí en el instituto, a aprenderlas decentemente cuando tuve que pasar el TAAS antes de poder proseguir con la titulación de maestra en USA con veintisiete años.
Y sobre la DISCIPLINA. Hay una diferencia entre un estudiante que rechaza el camino seguido en cuanto a su aprendizaje por no ser el adecuado, a el que lo rechaza por no querer trabajar. Y si un niño acaba de salir del colegio, no tengo experiencia, pero he leído que es apropiado darles un tiempo de gracia para que se acoplen y adapten a la nueva situación. Educarlos en casa para pretender que sigan con lo mismo del colegio pero encima que mejoren en las asignaturas no es coherente.

Si hay problema de actitud, de disposición, de obediencia, esto hay que irlo afrontando de la forma apropiada a los valores de cada familia. Muchos niños se niegan a darse un tiempo diario para aprender porque no se dan oportunidad de ver qué tan diferente puede ser aprender en casa, y muchos otros porque no tienen el hábito. Por el contrario, la costumbre que sí tienen es rechazar lo propuesto y seguir con su vida como la conocen hasta el momento, sin saber que hay un festín preparado para ellos. A veces los padres les damos un pescuezón figurado para que se sienten al festín, o les causamos indigestión por querer que abarquen a la fuerza todo lo planeado, y perdemos su confianza. Es importante ganar la confianza y debe estar presente la obediencia y la ATENCIÓN, que precisamente se cultiva en los años primeros no mediante el estudio llamado “formal”, sino mediante el juego y sobre todo pasando horas y horas fuera, observando las hormigas, mariquitas, jugando con palos y piedras a reyes y mil fantasías, escuchando historias familiares, cantando canciones, haciendo tareas domésticas, conviviendo, preguntando (estoy pensando en Zinnia y esa Anuk que le sale con unas preguntas filosóficas que deleitan e impresionan).

En mi experiencia esto es lo que he tenido que discernir, si no querían mis hijas sentarse conmigo un rato a dejar que las guiara en algunas de las cosas que estimo importantes porque les exigía lo indebido o porque simplemente preferían seguir jugando, ver algo en el ordenador, salir al patio. No tenían el HÁBITO de parar un ratito y darse oportunidad de nutrirse con algo ofrecido por mí, que no metido a fuerzas, ni machacado hasta la saciedad, ni tampoco un desplegar mi propio circo que yo me lo guiso y yo me lo como. Claro que juegan mucho en el día, y salen, y vamos al parque, y ven dibujos en el ordenador, etc. Pero a diario (a no ser que estemos de vacaciones, cuando aprenden de todo y con todo) he procurado ir estableciendo una rutina en la que nos sentamos y seguimos unas lecciones cortas. Y los momentos en el día que hacemos esto varían, pero la costumbre es dedicar un espacio al día a esto premeditadamente. Muchos dicen que proceder con lecciones es algo que hacemos para aplacar nuestras conciencias y mentalidad que está forjada al modo de la escuela. Yo difiero. Para mí hay un valor en ello más allá del sentimiento de “han aprendido y han hecho lecciones”. Al día de hoy veo los frutos de esta constancia tan DIFÍCIL no lo niego. Cada día me asombro tanto de lo que recuerdan, lo que comentan, sus propias conexiones, y sobre todo de que hacen suyo algo que yo sólo acerqué, y que también es mío de manera diferente porque resulta que hay cosas que ellas se apropiaron y disfrutaron y a mí no me cautivaron tanto, y viceversa. Y en muchas ocasiones, continúan enfrascadas en algo por horas, o yo igual sigo explorando otros temas y siguiendo otros hilos sin su compañía. Y en muchos momentos libres siguen con sus hojas, sus libros, sus juegos, sus conversaciones, sus ratos en el patio, o su Scooby Dooh también, porque los niños aprenden de todo y con todo, incluso aunque no “aprendan”, y no parezca que escuchen. Y mami sigue con su libro, sus blogs, sus pensamientos, sus libros, sus vídeos y conversaciones.

Y qué es lo que hacemos en esos ratitos (a veces una hora en la mañana, y algo más en la tarde, sobre todo lecturas). Pues matemáticas oralmente, practicar un poco de escritura. Rompecabezas, juegos, manipulativos, la pequeña lectura asignada y muchos libros que escogen. Ilustrar lo leído en la Biblia, de vez en cuando algún experimento, leer poemas, unas lecciones cortitas de destreza de lectura, contar historias, dictar los libros que dibujaron la noche anterior, salir a ver algún insecto, escribir cartas a nuestros amigos, pintar, hacer y usar plastelina, conversar…)

Cuando algo va mal en mi casa, en vez de leer sobre crianza (porque si leo cuando estoy en crisis, o me siento como una basura, o me sirve para justificar algo que estoy haciendo mal y que sé que está mal porque me lo dice mi corazón y mi intuición), procuro callar el ruido, rezar, hablarlo con mi marido, y comentarlo con alguna amiga de muuuucha confianza para salir de la duda de si estoy cerrando los ojos a algo que debe cambiar, o para ver si estoy sintiendo ansiedades injustificadas. Y en los dos campos caigo porque como persona que soy con muchísimos defectos tiendo a justificar lo que hacen mis hijas y lo que hago yo misma poniendo como excusa mis poquititas virtudes, las cuales exagero y pretendo que tapen esos agujeros negros que hay que atender. Y por otro lado, mi personalidad perfeccionista, neurótica y con tendencia a querer sobresalir, muchas veces presiono lo indebido y en mi ego y orgullo comparo y siento que no están donde deberían, lo cual son ansiedades ridículas de una madre ya cuarentona que posiblemente tenga más complejos e inseguridades de las que admitiría en público.

Espero que os sirva de algo, y esta entrada la revisaré entorno a los comentarios (si los hay, ja ja ja), y la incluiré en el libro si Dios quiere.

 

El Maestro de la Perra Gorda y el Santo de las Barbas

Leyendo Cuentos y novelas de Madrid, un libro de recopilación de cuentos y escritos inspirados en Madrid por diferentes autores y publicado por la fnac que me regaló mi hermana hace tiempo, me encontré con varias sorpresas muy gratas, entre ellas un pequeño texto de Arturo Barea titulado Madrid entre ayer y hoy. Este relato habla del Madrid de principios del siglo veinte, cuando el autor era aún niño, y nos cuenta sobre los aguadores, aquellos hombres, en su mayoría procedentes de Galicia, cuya profesión era la de cargar agua de las fuentes públicas en cubas de madera y buscar parroquianos a quien llevársela a cambio de unos céntimos o por algo de comida, o ropas usadas como pago.

Cuenta el autor cómo con la aparición de los grifos se terminó gran parte del negocio del “agua gorda”.  Dice Barea que con el término del agua de las viejas fuentes llegó otro tipo de revolución pues se les metió en la cabeza a las gentes que todos los chiquillos deberían aprender a leer. Esto como dice Barea, en capas de la sociedad donde nunca se hubiera tenido por necesario, y en una ciudad donde eran necesarios padrinos influyentes para ser admitido en alguna de las pocas escuelas gratis que había. Y el mismo Barea, huérfano de padre, e hijo de una familia muy pobre, gracias a un tío que le medio adoptó fue capaz de ir al colegio hasta los trece años, hecho que su hermana le reprochó porque ella fue reducida a sirvienta mientras que él podía hacerse el señorito. En esos tiempos aparecieron en Madrid dos extraños pedagogos: el Maestro de la Perra Gorda y el Santo de las Barbas. He buscado en internet y para mi pesar no encuentro otra bibliografía o referencia a estos dos personajes fascinantes.

Hoy me encontré también con este vídeo en el blog de mis hijos mis maestros:

 

Interface del libro en Blurb. Como véis tiene alternadas algunas
imágenes en blanco y negro. Blurb es sencillo y versátil.

Pues nada, pa que veáis que el libro no va a ser ningún refrito ni un vil copiar y pegar con un poquito de barniz, y habrá más sobre estos curiosos personajes y otras curiosidades.

 

Feliz Año 2011, y nueva portada

Feliz Año a todos. Espero que el 2011 os depare a todos buenas experiencias personales y que sea un año de avances y logros en todos los sentidos.
Me disponía a comenzar el capítulo sobre la legalidad y leyes del homeschooling cuando salió la noticia de la sentencia del Tribunal Constitucional español, y no he dejado día sin línea, aunque no en el libro pero en comentarios, entradas y demás. Pero vuelvo al libro. Quisiera de verdad terminarlo en el 2011. Y me encontré hoy con un comentario de mi amiga en la distancia Carolina sugiriéndome que la portada del libro debiera tener a mis dos hijas, especialmente si se titula MIS HIJAS NO VAN AL COLEGIO. Me pregunto cómo pudo pasárseme por alto tal detallazo.
Así que nueva portada, y nuevo año. No sé qué rumbo tomará este blog en el 2011. Comencé escribiendo sobre Charlotte Mason, y en Diciembre y quizá un poco antes se me POLITIZÓ el blog. En fin, seguiré cansando al personal con lo que sienta que necesito escribir, y si me alejo un poco es por el libro.

Mis mejores deseos para todos.

 

Respuesta de Carl Honoré

Haced click para entrar 
en el post original

Hace unos días estaba escribiendo parte del libro donde hablo de los títulos y acreditaciones cuando me vino a la mente lo que leí de Carl Honoré en su libro Under Pressure (Bajo presión), y me pasé por u página y blog para estar segura de citar el libro y su nombre correctamente, cuando me encuentro con esta entrada que habla precisamente de lo que traía entre manos. Hay veces en que todo comienza a conectarse y dialogar, como si el puzle o rompecabezas comenzara a armarse solito. Os dejo con su post, mi comentario y su respuesta, y mi traducción de todo.

How low can you go? by Carl Honoré · December 2, 2010

Can we make childhood into more of a rat race than it already is?
Yes we can! How? By enrolling babies and toddlers in formal sports training.

The brand names say it all, from Athletic Baby to Baby Goes Pro.

You couldn’t make it up… 

¿Cuán bajo podemos caer?
por Carl Honoré
¿Podemos convertir la infancia todavía en algo más competitivo de lo que ya es? !Sí podemos! ¿Cómo? Apuntando a bebés y niños pequeños a entrenamientos deportivos serios, formales.

Los nombres de estas actividades lo dicen todo, desde Bebé Atlético hasta El Bebé Pro (pro es abreviatura coloquial de profesional).

No podríamos haberlo inventado mejor. 

Mi comentario novela fue el siguiente:

Mr. Honoré, I have read both of your books and profited from them. Some of us who homeschool and blog, have taken the less is more as our slogan, and my “method” involves a lot of slow reading several books, so that you stay with a few books over a long period of time, learning from them, retaining, making your own connections, digesting and deeply understanding what is shared in them, versus consuming them as fast food to know the “end”, because much of their richness is in the language, in dwelling a bit in the book. And many of us have read your In Praise of Slowness and ascribe to your principles and thoughts.

I am currently writing a book in Spanish about homeschooling and as I am typing the chapter about titles, diplomas, and how homeschooled children can obtain their degrees and go to university, I started to write about the fact that though titles do not define us as persons it is true many of us are not ready to ignore the fact they are convenient and required by our society. There are some parents who homeschool looking for academic excellence, because it is said to render better results than public schooling, and I remember what you wrote in Under Pressure so I came to your website to refresh my memory and be sure I was going to spell your name and book title correctly, when I saw this post.

To me if we talk about the value of every specific class, gym, etc, we miss the point. If we continue to feed the pockets of these people they will continue stealing the value of the spontaneous and old time things children benefit so much from and that are free and priceless. This is part of a mentality that home is not enough, parents are insufficient, we need the experts, the facilities, the equipment. And this is spreading because it is highly profitable, it feeds upon parents desire to give children the best, what they did not have, what will make them succeed, and we are becoming quite paranoid about childhood, if you ask me, and instead of helping children to develop into creative, kind, mature individuals who are meaningful members of a better society, we are crippling them, raising them into the eternal child, unable to do anything without paying for a service, mom and dad´s help, signing up for a course, reading or goggling about about things such as…boiling an egg for breakfast.

Sorry for the rant! Just don’t sign them up for these things, take your children to the park, stretch with them at home, get together with others and PLAY.

Comment by Silvia — December 9, 2010 @ 11:21 pm

Traducción:

Sr. Honoré, he leído sus dos libros y me he beneficiado de ambos.  Algunos de nosotros que educamos en casa hemos tomado el eslogan de menos es más, y mi “método” envuelve bastantes lecturas lentas de varios libros de manera que permaneces con estos libros durante un periodo largo, aprendiendo de ellos, reteniendo lo leído y haciendo tus propias conexiones, digiriéndolos y comprendiendo en profundidad lo que comparten, en lugar de consumirlos como comida rápida para saber el “final”, porque la riqueza de estos libros se encuentra en el lenguaje, en permanecer por un tiempo en el libro. Y muchos de los que hemos leído su libro El Elogio a la Lentitud, nos adscribimos a sus principios y pensamientos.


Estoy escribiendo un libro en español sobre la educación en casa y según escribo el capítulo sobre títulos y diplomas y cómo los niños educados en casa pueden obtener sus títulos e ir a la universidad, comencé a escribir sobre el hecho de que aunque los títulos no nos definen como personas es cierto que muchos de nosotros no estamos preparados para ignorar el hecho de que son convenientes y requeridos en nuestra sociedad. Hay algunos padres que educan en casa en búsqueda de la excelencia académica, porque se dice que el “homeschooling” rinde mejores resultados en los exámenes que la escuela pública, y recuerdo lo que usted escribió en Bajo Presión, por lo que vine a su página para refrescar mi memoria y asegurarme de que iba a mencionar su nombre y su libro correctamente cuando ví este “post”. 


En mi opinión si hablamos del valor de cada clase específica, gimnasio, etc, nos perdemos el argumento central. Si continuamos engordando los bolsillos de estas personas que ofrecen estas actividades ellos continuarán robándonos del valor de lo espontáneo y las cosas de siempre que benefician tanto a los niños y que son de un valor incalculable. Esto es parte de la mentalidad de que la casa no es suficiente, los padres no son capaces, necesitamos expertos, locales, equipo. Y esto se extiende porque es altamente lucrativo, se alimenta del deseo de los padres a darles a los niños lo mejor, lo que ellos no tuvieron, lo que les hará tener éxito, y nos estamos volviendo paranoicos en lo que respecta a la infancia, si me pregunta mi parecer, y en lugar de ayudar a los niños a desarrollar su creatividad, ser amables, individuos maduros y miembros responsables de una mejor sociedad, los estamos haciendo minusválidos por educarlos en el niño eterno, incapaz de hacer nada sin pagar por un servicio, sin la ayuda de mamá y papá, sin apuntarse a un cursillo o sin investigar en google cómo … cocer un huevo para el desayuno.


Perdón por el sermón. Pero no les apunten a todas estas cosas, llevad a vuestros hijos al parque, estiraos con ellos en casa, pasad el tiempo juntos con otros y JUGAD.

 Commentario de Silvia — December 9, 2010 @ 11:21 pm
 

Esta fué la respuesta a mi comentario de Carl Honoré:

Silvia, you’re more than welcome to rant on my site any time you like! I couldn’t agree more. Over the last generation, we have denigrated the small, the simple, the free. 

It’s not enough for children to kick a ball round the backyard; they have to enrol in a soccer clinic with professional coaches barking at them about the offside rule. It’s not enough for children to dress up and stage their own plays in the basement; they have to join a drama club and perform on a stage in front of several hundred parents clutching video cameras.

Less is more. Simple as that.

Comment by Carl Honoré — December 15, 2010 @ 8:06 am

Traducción:
Silvia, eres bienvenida a dejar tus sermones en mi página cuando quieras. No puedo estar más de acuerdo. Durante la última generación hemos denigrado lo pequeño, lo simple, lo gratuíto.

Ya no es suficiente para los niños el pegarle a un balón en el patio; tienen que apuntarse a una liga de fútbol con entrenadores profesionales ladrándoles que están en fuera de juego. No es suficiente para los niños el disfrazarse y montar su obra de teatro en el ático, tienen que apuntarse a un curso de drama y tienen que actuar en un escenario delante de cientos de padres aferrados a sus cámaras de video.

Menos es más, así de sencillo. 

          Comment by Carl Honoré — December 15, 2010 @ 8:06 am

 

Quiero deciros que si habéis pensado en esto o temas parecidos, incluso si no lo habéis hecho con estas mismas palabras, o si no habéis pensado en dejar un comentario en inglés en la página de ningún autor contemporáneo, da igual. El hecho de que Carl Honoré responda a una persona de la calle me demuestra que da igual que sea un autor, escritor consolidado o erudito. Él también es un padre como nosotros, y una persona normal que se toma su tiempo para escuchar a otras personas que como en mi caso estábamos ansiosas por compartir y reafirmar algunas ideas.Otro ejemplo para mí es Karen Andreola. Hace años cuando leyera su libro A Charlotte Mason Companion, la tenía como mi ídolo, (y la sigo teniendo :), pero cuál fue mi sorpresa cuando veo que abrió un blog como nosotras, en blogger, Mother Culture, donde muchas otras personas la escriben y donde ella contesta y nos acerca a un huequito de su hogar sin más bombo ni platillo. Recuerdo haber leído en algún post de Paloma que una vez en un seminario escuchó hablar a uno de sus profesores o autores favoritos y que por vergüenza no se le acercó a comentar, y que luego falleció y se quedó con esa espinita clavada de no haber compartido con él su comentario, y que en otra ocasión sí lo hizo y cómo esas palabras alentaron y alegraron al “erudito”, que por muy profesor es una persona también a la que le agradan nuestras palabras sinceras de elogio, y nuestra crítica también, si se hace con respeto.

 

Nulla Dies Sinne Linea


Interface de blurb, donde escribo mi libro

Este es el consejo que me dió Carolina, nulla dies sinne linea, originalmente de Apeles, un pintor griego que se refirió a no dejar pasar ningún día sin dibujar al menos una línea, pero que nos podemos aplicar a la escritura también. Como dice Carolina, si no tienes a la mano un papel o teclado, al menos guarda tu línea en tu mente para escribirla cuando te sea posible.
El caso es que voy por el punto V. Estamos decididos por esta opción, pero ¿por dónde comenzar? y llevo escritos los cuatro anteriores en 46 páginas, ilustrando los capítulos a la cabecera con mis fotografías y escrito con material inédito. De hecho el último apartado del punto IV, el del mito de superdotados o con deficiencias, ha sido re-escrito en su totalidad por lo que no tiene ninguna oración idéntica al post que tengo en el blog.
Así que, sin presión, pero a las que escribíis (Meni, Ale… a Marvan la dejo porque de verdad se la vé ocupada y hay que ser comprensiva y dejarla respirar un poquito, y a Madalen no hay que decirle nada porque ya tiene apretado el turbo), y si hay alguna o algún otro por ahí que está escribiendo, manos a la obra y lo dicho, ningún día sin una línea.

Y aquí os dejo con un anticipo del capítulo de ¿Qué es esto del “homeschooling”? que escribí hace ya tiempo pero que el último post de Zinnia me ha recordado hoy:

Pensemos que el “homeschooling” comienza a ser una palabra que abarca bastante, es como decir mi hijo va al colegio (¿público, privado, en qué país, en la ciudad, en el campo, alternativo, tradicional, Waldorf, Montessori?), por sí sólos ambos términos, “homeschooling” y colegio, pueden tener matices negativos o positivos para quien los escucha. Debemos tener la voluntad de escuchar a quien nos presenta estos términos y no caer en simplismos o preconcepciones, aceptar que ambas opciones son válidas y pensar que la riqueza está en los matices, en los detalles, en la particularidad de cada familia y sus hijos. Es difícil pero no imposible vivir en armonía con los que optan por algo diferente. Muchas veces nuestra posición es como si atacara o fuera atacada por la otra.

Propongo que aprendamos el uno del otro, y que lo hagamos para empezar disponiéndonos a analizar en profundidad en lugar de criticar superficialmente la realidad de la educación en casa y fuera de ella, y que critiquemos esta realidad y la de los colegios ambas con sensatez y justicia. Al fin y al cabo esto no es ni tan nuevo, ni tan diferente, ni tan alternativo como pudiéramos pensar a primera vista. Vayamos a otro capítulo y espero que poco a poco pueda ayudar al lector a formarse una imagen más sólida y positiva de muchas familias que optan por educar sin escuelas, incluso si no llegan a optar por esta educación espero que al menos valoren y aprecien el que muchos luchemos por que sea una alternativa viable. La riqueza de alternativas nos beneficia a todos.